Luches en Trubia

enero 27, 2008

Carta abierta de un republicano al príncipe Felipe, con motivo de su 40 aniversario

aalarepublica.es 

Luches en Trubia se adhiere a la carta enviada por Jaume d’Urgell al Borbón y Borbón:

Felipe,

¿Qué se le puede desear al hijo del cómplice de un dictador que se asoma a los cuarenta años? Que tenga un poco de respeto democrático, naturalmente, como a cualquier otro autócrata armado. Eso es lo primero. En un país donde no se puede elegir al Jefe de Estado, los dictadores militares –asesinos o no–, son, ante todo: insolentes que viven del trabajo ajeno.

Tú, como tu padre, que siempre ha llevado a gala el despilfarro a costa de nuestro esfuerzo, me permitirás antes que nada, que ignore expresamente el protocolo con el que los de tu estirpe tratan de evadir la ignominia que les rodea, para expresarte mi deseo de que restituyas cuanto antes todo lo que nos habéis quitado y te pongas a trabajar, que ya empiezas a tener edad.

Al escribirte hoy, estoy felicitando a toda una generación, Felipe, la generación anterior a la mía, una generación de gente extraordinariamente formada, que sin embargo, no sabe lo que es elegir a un presidente y que nunca sintió extrañeza de emplear esa palabra, “presidente”, para llamar a lo que en realidad, es un primer ministro, o un jefe de gabinete, pero no un auténtico presidente, porque en el 97% de los países presentes en la Asamblea General de las Naciones Unidas, los presidentes de verdad poseen funciones que aquí usurpa tu padre, por ejemplo: el mando supremo de las Fuerzas Armadas (CE de 1978, Art. 62.h).

La mayoría de los jóvenes de hoy no tiene ni un recuerdo de aquel día en que tu padre, en nuestras Cortes, rodeado de obispos y militares como él, juró fidelidad a las leyes franquistas , accediendo así a la última voluntad del anciano genocida y obteniendo esa ostentosa y extemporánea corona, que jamás será tan bella como una urna de metacrilato, repleta de sobres de papel, depositados sin miedo, ni límites, ni engaños.

La democracia que los amigos de tu padre lograron destruir, no tuvo nada que ver con el régimen que hoy vivimos, ni con la República que tenemos por delante. Esta generación, sobrelleva un país privatizado y neoliberal. Producto, como bien sabes, de siete décadas de gobernar de espaldas a la ciudadanía, pervirtiendo por completo nuestro derecho a participar en los asuntos públicos. Esta prepotencia forma parte del estilo ético de tu familia: una infamia labrada a través de siglos de miedo, sangre, desvergüenza, impunidad y un desmedido afán por el dinero tomado a los demás.

La mayoría de los españoles creció padeciendo un engaño masivo que se iba asentando, al abrigo del ruido de sables, la desinformación y unas leyes que causan sonrojo entre los juristas de otros países. Tú y yo, al igual que muchos otros compatriotas a la fuerza, nos hicimos adultos en una sociedad que, después de siete décadas de contemplar como un militar manosea su más Alta Magistratura, empieza a estar más que harta de todo.

Hemos madurado en un país que se avergüenza de sí mismo, que se ha acostumbrado a omitir su nombre y sus símbolos, llenos por siempre de ignominia y sectarismo, después de que se los apropiara el ex jefe de tu padre. Y ahora tú, al revés de los demás ciudadanos, pretendes disfrutar de un poder que no te corresponde.

Hasta ahora, has gozado sin trabajar, de caprichos que a los demás, trabajando, les están vedados. Tú, supuesto máximo exponente de lo público, no has dudado en optar por la sanidad privada siempre que te ha hecho falta, y lo has hecho, por supuesto, como siempre haces, con nuestro dinero.

Pero esta sociedad, que acumula setenta años consecutivos de opresión, está empezando a tomar conciencia de su potencial, de la fuerza de una población de 45 millones de ciudadanos, que son eso: ciudadanos, no súbditos, y lo sabemos, a tu pesar, cada vez somos más, quienes somos concientes de nuestra ciudadanía. Sabemos que este potencial puede y debe convertirse en una verdadera democracia, para poner el Estado al servicio de quienes, por culpa de sujetos como tú, sufren la cara amarga de la avaricia ilimitada. Es el esfuerzo conjunto de la ciudadanía lo que puede determinar, modificar y mejorar el destino de un país.

Tu padre siempre ha sido un soldado franquista, y por eso quienes compartían sus formas y objetivos creían que su hijo podía haber tenido el mismo destino… de no ser por la eclosión del espíritu crítico en pro de la Tercera República.

Juan Carlos acaba de cumplir setenta años… tantos como tiempo hace que nuestro país de países dejó de ser una democracia, para convertirse en esto que ahora es, de la mano de monstruos terroristas, que vestían igual que vosotros y tenían igual respeto por nuestro anhelo de votar en libertad, sin trampa ni Borbón.

Supongo que, para los que son como vosotros, esa es la verdadera medida del éxito: llegar a viejo después una vida entera de lujo, pompa y boato, sin haber trabajado ni un solo día. Gozando siempre a costa de obligar a todos a profesar un credo absurdo: el de la monarquía, o el arte del despotismo y la usurpación de lo público y ajeno, a través de las armas y leyes que avergüenzan al Derecho.

Feliz aniversario, Capeto. Hazme caso: saca tus manos de nuestros asuntos públicos. No sé qué tendrá la corona, que sea capaz de haceros perder la cabeza.

¡Salud y República!

http://lacomunidad.elpais.com/republica/2008/1/27/carta-abierta-un-republicano-al-principe-felipe-con-motivo

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3 comentarios »

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  2. […] por Jaume D’urgell en su blog, y a la que como la pólvora se están sumando otros amigos entre los que quiero contarme. Milagrosa Carrero Temas: […]

    Pingback por Rumbo al horizonte : MÉRITOS PROPIOS — enero 27, 2008 @ 4:05 pm | Responder

  3. AL CAMARADA JAUME D’URGELL, CARTAS BOCA ARRIBA

    Jaume:

    Tu consabida afición epistolar, que viene de lejos, no puede dejarme indiferente. Tras tu extemporánea Carta Abierta al Príncipe Felipe y sabiendo quién eres, de donde vienes y a donde pretendes llevarnos, no puedo resistirme a la tentación ética de desenmascararte, en evitación de que aquellos españoles que sí, de verdad, se sienten republicanos, en el sentido que ese régimen político tiene en esta parte occidental del mundo, sean manipulados y engañados vilmente.

    La palabra República, para ti, no es otra cosa que el grito de guerra antiborbónico del aprendiz de revolucionario con la finalidad de destruir la Constitución de 1978 (la misma que te protege), aquella que nos dimos los españoles tras cuarenta años de oscuridad democrática. Buscas desesperadamente el título de “Jaume el Revolucionario”, no hay mayor gozo para ti que tus camaradas y correligionarios te llamen “revolucionario” . Tus diatribas contra el Rey o el Príncipe, no son expresión de republicanismo, es el odio al Borbón que mamaste en tu Cataluña natal, esencialmente en tus años estudiantiles y muy especialmente durante tu años de estudio en La Autónoma que, a principios de los 90, estaba dominada por la izquierda radical catalana; los PSAN, los ERC, los MDT, Crida, etc., conocidos como “els nois de l’odi”

    El odio al Borbón (origen de tu manoseado republicanismo) ha sido la identidad republicana de la izquierda radical catalana, en base a los hechos acaecidos con motivo de la Guerra de Sucesión, y que, suponen la no aceptación de la cuota de responsabilidad en aquellos acontecimiento, a la par de una extraordinaria dosis de manipulación histórica.

    Te haré una sucinta exposición de los hechos para demostrar la profundidad de la manipulación histórica que venís haciendo desde hace trescientos años.
    Felipe V (IV en la Corona de Aragón) accedió al trono de los reinos hispánicos por la testamento-ley del rey Carlos II, muerto sin sucesión. La cláusula XIII, de dicho testamento le confería la corona que ostentaba Carlos II y le imponía el juramento previo a la toma de posesión de: “observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis Reinos y señoríos”. En virtud de lo establecido en el testamento, en 1702 se celebraron Cortes en Barcelona, cumpliéndose las disposiciones testamentarias. Felipe IV (V en la Corona de Castilla) prestó juramento previo a las “Constitucions i Constums de Catalunya”, seguidamente, “Les Corts Catalanes” prestaron juramento de fidelidad a Felipe IV como rey de la Corona de Aragón. Las peticiones y solicitudes de las Cortes al Rey están recogidas en el “Capitol de Cort” número 82. Dando cumplimiento a los acuerdos establecidos en aquellas Cortes, en 1704 se publicaba, con la sanción real “Plau a sa Majestat”, la recopilación de la instituciones públicas y privadas catalanas bajo la denominación de: “Constitucions, Costums i Altres Drets de Cathalunya”.
    Pero en Diciembre de ese mismo año (1704) se consumaba la traición al juramento prestado en 1702. Bien es cierto que poderosos intereses económicos hicieron bascular al patriciado urbano de Barcelona en favor del Archiduque Carlos de Austria, arrastrando consigo a prácticamente toda la Corona de Aragón. La deriva desfavorable de la guerra, para el Archiduque, y su oportuna coronación como Emperador de Austria hizo que éste respondiera con una traición a otra traición, abandonando a los catalanes a su suerte.
    No me extenderé en las consecuencias que produjeron la traición al juramento efectuado por las Costes Catalanas de 1702, pues éstas se encuentran recogidas en los Decretos de Nueva Planta. Puedes consultar las actas de las Cortes de 1702 en los Archivos de la Corona de Aragón, ubicados en Barcelona.

    Dadas la circunstancias del desarrollo de aquella guerra, la lógica elemental nos llevaría a que vosotros, los catalanes, sintierais animadversión hacia el que os había traicionado, el Archiduque. Pero, curiosamente, en un ejercicio de malabarismo para no asumir la responsabilidad que os corresponde, os habéis centrado en el ejercicio del odio hacia el Borbón.

    Lamentaba Largo Caballero el haber pactado con aquellos que se decían republicanos, cuando, según él, todo su republicanismo consistía en la animadversión personal que sentían hacia Alfonso XIII. Creo que tu caso encuadra perfectamente en la clasificación que hiciera Largo Caballero en 1934.

    Creo, asimismo, que tus ensoñaciones revolucionarias te hacen olvidar las palabras de Lenin: “Los revolucionarios son necesarios hasta el triunfo de la Revolución, después hay que deshacerse de ellos para que no comprometan sus logros”. Ejemplos sobresalientes de esta práctica los tenemos en Trosky o en tu admirado Che, quien no se contentaba con un despacho en la Habana, ni en dedicar sus esfuerzos a mejorar la situación cotidiana de los cubanos, lo suyo era matar. El Comandante, en un ejercicio de ingenio político, le envío a las selvas de Bolivia, dejando que el imperialismo le hiciera el trabajo sucio.

    Jaume, es hora de quitarse la careta, es hora de decirle a los republicanos de verdad que tu no eres republicano, que la República liberal de libertades burguesas te importa un pito, que lo tuyo es la totalitaria República Democrática, es decir; la que hubo en la Alemania del Este, la de Corea del Norte; que te declaras hijo de la Madre Rusia (la soviética, claro) y por ello, alguno de tus camaradas, te saludan en ruso. Que tus amigos son el exgolpista Hugo Chavez o Davo Morales. Que sientes admiración infinita por el Comandante Dictador del Caribe, Fidel. Que tu ídolo es el sanguinario Ernesto Che Guevara. Que hace ya tiempo que orbitas alrededor del núcleo duro del stalinismo. Que tu ideal revolucionario, en un alarde supino de paranoia stalinista, es la emancipación de toda la Humanidad.

    Creeme, la Humanidad no se merece ser emancipada por ti, es de naturaleza corrupta, siempre retorna a sus antiguos vicios, mitos, costumbres y dioses. Mira en lo que ha quedado tu amada Madre Rusia, otrora faro y guía de la emancipación proletaria, hoy sucumbe ante el más atroz capitalismo. Observa como la China de Mao se revuelca en el lodo del hedonismo capitalista. Haz me caso, no gastes tus energías en un esfuerzo baldío.

    El 12 de Octubre cumples los 35, ya pintan canas, es hora de dejar atrás tu adolescencia, de enredar con la Play e Internet, de ponerse a trabajar en serio, de crear una familia, tener hijos, educarlos y preocuparse por sus estudios, en una palabra, es hora de hacerse adulto. Si es necesario, retírate al Tibet, practica la Meditación, busca la paz interior, reconcíliate contigo mismo y con el Mundo, destierra tu odio, se feliz. Y lo más importante…deja ser felices a los demás.

    ¡Salud y Libertad sin ira!

    Aristóteles.

    Comentario por Aristóteles 2008 — agosto 28, 2008 @ 11:02 am | Responder


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